jueves, 15 de enero de 2009

HUMO DESVANECIDO: EL FERROCARRIL Y EL SURGIMIENTO DE UN PUEBLO

Oscar Andrés Sánchez Á.

“Recuerdo como si fuera ayer, aquel siete de agosto de 1928. Tenía 11 años. Al medio día, unas cuantas personas nos congregamos en la recién inaugurada estación, para conocer una máquina de la que apenas teníamos referencias. A partir de ese día nada fue como antes”. Evoca con nostalgia Bernardo Salas, quien vive en Bolombolo desde que éste era una extensa hacienda llamada La Popala.


Bolombolo, ubicado al suroeste del departamento, debe su origen al Ferrocarril de Antioquia. Los viejos lo añoran.

Antes de morir, el ingeniero cubano Francisco José Cisneros realizó en 1874 el trazado por el cual debía surcar a través de las escarpadas montañas antioqueñas la “mula de hierro” llevando prosperidad y desarrollo. El objetivo era claro: unir a Medellín con el río Magdalena y la Costa Atlántica y posteriormente con el Pacífico, descendiendo hasta la hoya del río Cauca.

La empresa del ferrocarril de Amagá, creada en 1907 y adquirida en 1922 por el ferrocarril de Antioquia, fue la encargada de empalmar la obra hasta la hoya del Cauca. Los trabajos iniciaron en 1926, dos años después de creada la Estación Camilo C. La numerosa población suroestana, su fértil suelo, la ganadería, la minería del carbón y metales preciosos eran motivos suficientes para querer comunicar toda la región.

Las dificultades para el suministro de provisiones, la carencia de guías geográficas y las fallas geológicas no fueron impedimento. Luego de excavaciones, rellenos, construcción de puentes y enrielados, fue inaugurada en julio de 1928, en el kilómetro 102, la Estación Bolombolo, como empezaría a llamarse el caserío que se formó rápidamente a su alrededor, en honor a un cacique precolombino que habitó la cuenca de Sinifaná.

El ferrocarril consolidó procesos de poblamiento en el suroeste antioqueño y dio origen a pueblos como Bolombolo, erigido corregimiento de Venecia en 1934. Este colorido valle fue colonizado en 1890 por el titiribiseño Antonio Quijano y luego vendido a los hermanos Echeverri, quienes ante la demanda de tierra por la llegada del prometedor Ferrocarril, iniciaron trabajos de desmonte y venta de lotes.


Bernardo Salas (izquierda) narrando historias sobre el corregimiento de Bolombolo, donde nació en 1916

“Con la llegada del ferrocarril hubo mucho movimiento. Los trabajadores -freneros, maquinistas, ayudantes, y jefes de estación-, necesitaban quien los atendiera, de modo que fue llegando gente de muchas partes a abrir cantinas y tiendas. En las noches, los trabajadores salían a visitar a las muchachas”. Recuerda Bernardo Salas. Con el avance del ferrocarril hasta La Pintada y luego hasta Buenaventura, la Estación Bolombolo recobró importancia. Muchos viajeros y comerciantes se asentaron allí para siempre.

“Los fines de semana la gente salía con sus ventas: hojaldras, morcilla, bolis, bebidas, almuerzos, fritos, albóndigas y hasta gallinas. La vida era mucho más barata. Todo lo que uno hacía se vendía. La comida era abundante. Ahora, aunque pasan muchos buses, no se ve ni la mitad de la gente que traía el tren. Ojala vuelva algún día, ojalá me alcance la vida” comenta Berta Álvarez, una bolomboleña octogenaria.

El ferrocarril comenzó a ser parte vital del desarrollo de la región. Por el se viajaba, importaba y exportaba más rápido, barato y seguro. Se conducía la producción agrícola, minera y ganadera; además, caña, tabaco, caucho, quina y tagua del oriente chocoano. En la Estación Bolombolo se cargaba y descargaba mercancías que eran movilizadas en bestia hacia el suroeste lejano. El río era cruzado en un pequeño planchón, antes de que se construyera un puente colgante de madera.

El humo del ferrocarril esparció civilización tras su paso. Mariano Sánchez, jubilado del ferrocarril, afirma que el viaje hasta Medellín duraba cuatro horas; en mula eran días enteros: “Habían vagones de carga; los de pasajeros tenían treinta puestos y se dividían en tres categorías. El de tercera costaba setenta centavos, era el de los pobres. No recuerdo el precio del de primera; nunca lo aborde. La gente se iba conversando o negociando”.

Muchos escritores de la época pasaron o se detuvieron en estas tierras buscando inspiración y aventuras mientras descendían en tren por las verdes laderas hasta observar el majestuoso río Cauca. El poeta León de Greiff llegó en 1929 como director de obras del ferrocarril al “país exótico y no nada utópico (…) país del sol sonoro…” como lo describiría él mismo en su Canto a Bolombolo. Según el profesor Julián Vásquez, experto en el tema, Bolombolo le sirvió a De Greiff para consolidar su característico juego de palabras y sentidos.

El ferrocarril apoyó la construcción de la carretera hacia la vía férrea, y ésta, unos años más tarde, fue la causante de su arrolladora quiebra. En 1962 el ferrocarril pasó a manos del estado y pese a los esfuerzos del gobierno nacional, algunas vías fueron abandonadas. A mediados de los años 70, para desgracia de los bolomboleños, el tren interrumpió el sueño de un pueblo que se configuraba como uno de los más prósperos de la región.

Sin excepción, quienes vivieron durante esa época y fueron testigos oculares de esta gran hazaña antioqueña, añoran con nostalgia el sonoro pito del tren que anunciaba su arribo a la abarrotada estación y que daba inicio a una ardua pero reconfortante jornada. No olvidan los abuelos como una fumarola grande se desvanecía en el horizonte, a medida que el chaca-chaca dejaba de hacer eco en sus oídos.

Fuentes:
-Revista Distritos. Número 15. 1969. Colección Antioquia. U de A.
-Bravo, José María. 1993. Monografía sobre el ferrocarril de Antioquia. Medellín. Secretaría de Educación y Cultura.
-Retrospectiva del ferrocarril de Antioquia. Fundación ferrocarril de Antioquia. Medellín. Gobernación de Antioquia.

5 comentarios:

Creative dijo...

Hola Oscar Andrés.
Yo estuve fimando los niños esta navidad pasada.

Ahora estoy editando otra historia que sucedió en Bolombolo y me gustaria saber cuanta gente vive en Bolombolo.

Me encontré tu blog mientras investigaba, de verdad que te felicito, se nota el buen criterio que tu tienes.

me puedes escribir a jose@bachuemedia.org

ánimo

jfa

JORGE dijo...

Hola Oscar Andres. hace tiempo que no voy a mi recordado bolombolo.En verdad que te fajastes com estas publicaciones mis mas sinceras felicitaciones por esos triunfos tan merecidos,ERES EL MEJOR,COMO 100PRE,Puedes escribir a jipo24@gmail.com---Jorge pareja

manuelita dijo...

hola oscar andres, estoy realizando un trabajo sobre el ferrocarril y me gustaría contar con las fuentes bibliográficas que referencias en este y en LA TIERRA DE LAS HOJALDRAS…. Y LA “ESTACIÓN DE LOS FANTASMAS” .

por favor hazme saber si es posible acceder de alguna forma a dichos documentos, los he buscado pero no los encuentro.

liliambj@gmail.com

azael de jesus bedoya betancur dijo...

Ah bolombolo tierra mía.

azael de jesus bedoya betancur dijo...

¡Ah bolombolo tierra de promisión! cuantas veces suspiró mi alma, al escuchar el rítmico jadear de las locomotoras de vapor, que raudas llegaban y partían de esa estación que aún campea como negándose a desaparecer a pesar de la mutilación a que te han sometido. Otrora, viste desfilar por tus andenes a aquellos maquinistas que fueron en mi niñez, motivo de gran admiración, por su porte gallardo y don de gentes, pudiendo nombrarse al negro henao, alfonso ríos, alfonso diosa, menjura, el loco (de la 45) y otros tantos y olvidados caballeros del vapor. Con el tiempo y a mis 17 años, fui peón de sostenimiento el frente de trabajo más duro que tenía el ferrocarril, aportando un poco de mi, a la empresa pionera del progreso antioqueño. azael