miércoles, 14 de enero de 2009

SAN-TIAGO: “EL MILAGROSO DE LA ALBANIA”

Oscar Andrés Sánchez A.
Abril de 2007
Publicado en De la Urbe Digital

Este reportaje es la versión escrita de un segmento del documental televisivo “Fe y razón, dilema eterno”, ganador en los Premios Emisión 2006 de la Facultad de Comunicaciones de la Universidad de Antioquia en la categoría, Mejor Trabajo Periodístico en televisión.

Es domingo. El día apenas despunta y ya han llegado centenares de peregrinos en buses, escaleras y vehículos particulares de diversos lugares de Antioquia. Esperan que hoy concluyan sus dolencias físicas y espirituales. Esta vez el destino no ha sido el Señor Caído en Girardota, María Auxiliadora en Sabaneta, la virgen de Chiquinquirá en La Estrella, ni el tradicional y populoso santuario de Buga. El sitio de encuentro para quienes tienen fe en lo extraordinario, es una humilde casa en el corregimiento la Albania, de Titiribí; y el que “obra milagros”, no es de yeso ni de madera.

El “niño que cura” está aún en casa. Sabe que será una jornada llena de conjeturas, por eso decide ponerse en lugar del pantalón que le saco su mamá, una sudadera azul que encuentra en el fondo de una caneca plástica. Antes de sentarse en una mesilla a desayunar, se empina y observa por un resquicio de la ventana el riachuelo de gente que lo espera. Luego, saca de una de las cabeceras de su cama, cuatro camándulas y tres escapularios que le han obsequiado, se los pone sobre el cuello y sale con su madre ante la mirada expectante de curiosos y fervorosos. El jolgorio se esfuma por unos instantes.

Santiago permanece los fines de semana rodeado de gente que quiere tocarlo y pedir su orientación o bendición

Santiago vive con sus padres, Julio Tangarife y Rubiela Velásquez, su hermano de cinco años, una tía y dos primos. La casa está pintada con cal y los zócalos de anaranjado. Tiene dos puertas, dos ventanas y tejas de eternit. Afuera hay un aviso en una lata que dice: “venta de pollo casero”; además, se ofrece panela en una mes tendida con una toalla ajada. Al frente de la casa, pasando la carretera, está ubicado el pequeño quiosco donde los Tangarife venden gaseosas y dulces. Al lado de éste hay un pequeño cubículo hecho con cortinas sujetas con cabuya del techo. Allí dentro Santiago atiende en unos cuantos minutos a cada uno de sus devotos.

El lugar se encuentra atiborrado de personas dispuestas a esperar lo suficiente para que Santiago los toque. Rocío Colorado es una de ellas. Sufre hace veintinueve años de psoriasis, una enfermedad crónica que produce la aparición de escamas en la piel. Asegura que ningún tratamiento le ha servido y que desde que el Santiago la tocó ha podido abrir sus manos. Mariela Vanegas, una titiribiseña de setenta años, se inquieta contando que antes de visitarlo sufría de mala circulación. Se sube la falda dejando ver sus piernas varicosas y dice “mire, no me han vuelto a salir esas manchas”.

Arley Santiago Tangarife Velásquez nació por cesárea el tres de noviembre de 1998 a las 12:30 del día en la Clínica del Rosario. “Era un bebé enorme, -recuerda su madre- pesó diez libras”. El año anterior, por su condición abortiva, se había hecho operar para no concebir; pese a esto quedó en cinta de Santiago. “Cuando Dios no quiere, los santos no pueden” dice doña Rubiela. Su voz se desvanece y deja fluir un par de lágrimas.

A las 8:39 de la mañana, doña Marta, la tía de Santiago, ya ha entregado los primeros doscientos fichos hechos en cartulina con un número en el centro que parece de niño de preescolar. La gente dona cuatrocientos pesos para colaborar con las necesidades de la familia. Según doña Marta, el 28 diciembre de 2005 Santiago atendió a más de mil personas. “Ese día levantó a un paralítico que llevaba tres años en una silla de ruedas. Una patrulla de la Policía de Carreteras tuvo llevarse a Santy un rato para que descansara”.

Santiago cursa segundo de primaria en la escuela rural de la Albania. Inicia clases a las 12:45 del día, luego de quince minutos de marcha. Sus compañeritos lo llaman “padrecito” o “cirineo”. “Él es un alumno sobresaliente, responsable y muy colaborador”. Testifica Olga Muriel, su profesora. En semana duerme hasta la 10 o 11 de la mañana y atiende sólo “casos especiales” antes de irse para la escuela. Nunca recibe dinero de sus fieles, dice que no puede ni debe y que prefiere que le traigan frutas y golosinas.

A su corta edad, Santiago narra sin vacilar sus visiones y testimonios y siente que está cumpliendo una misión

Se le dificulta pronunciar la letra r. Mide 1.20, es de tez morena, como sus padres, un poco rechoncho y carirredondo. Tiene una boca pequeña, nariz obtusa con un lunar en la parte inferior, pestañas escasas, vistosos ojos negros, cejas solitarias y una frente de cuatro dedos. Sus orejas son grandes y con las puntas inclinadas; es de cabello corto y negro. Le agradan Los Simpsons y Los Pitufos, aunque dudo mucho que pueda verlos. “Me gustan mucho los espaguetis con salsa y el fruti-fruti” (sic). Aunque dice ser hincha del DIM, exhibe complacido su fotografía con Aristizábal, quien hace poco vino a visitarlo.

El día avanza. Ya son las 10:35. Hay nueve carros orillados en la vía que dispone ahora de un solo carril por la aglomeración. Acaba de arribar un taxi. Dos hombres descienden y ayudan a salir a Blanca Celi, una caldense que sufre de un inusual mal de parkinson para sus escasos cuarenta y dos. “Santy, atienda a esa señora”. Le dice su mamá. “La vaca busca el pasto”. Contesta. Doña Rubiela lo increpa “recuerde que el padre Iván le dijo que atendiera a los discapacitados inmediatamente”. Blanca es conducida hasta el cubículo. Santiago la mira y con la mano derecha le toca el cuello y las manos y le lanza una triada de bendiciones. Blanca, con su voz también trémula le pregunta “Niño, ¿Me voy a curar?”. “Sí” “¿Tengo que volver?” “Si quiere y si puede”.

De acuerdo con una vecina, a la edad de tres años Santiago empezó a mover y a aparecer objetos, y a los cinco a pregonar su don. Algunos por jocosidad se postraban ante el peculiar niño, causando agitación a su madre. “Una vez le metí una pela y le dije que no embobara a la gente; pero ya él me perdonó”. Santiago intenta ahora descifrar la procedencia de la gracia que muchos testifican. “Yo estaba un día en el solar quitándole las tunas a unos limones, mire hacia el cielo, me caí y luego ví a Dios, era monito y zarquito. Tenía una cosita en la mano que decía INRI y me dijo que yo podía sanar”.

Don Julio fue el primer favorecido del don que decía tener su hijo. “El miércoles de ceniza de 2004, yo tenía cólicos –comenta don Julio- me iba a ir para Titiribí. Santiago se me acercó, me tocó el estómago y hasta ahí llegaron los dolores”. Doña Rubiela asustada corrió a donde el padre de la Albania: “El padre Guillermo no me paró bolas. Por eso me fuí para Amagá y le conté el padre Iván Gaviria. Él visitó al niño. Hacía dos días no daba del cuerpo, Santy lo tocó y le dió una diarrea tremenda”. Este sacerdote divulgó el testimonio en su programa radial. Eso hace que la historia de Santiago corre de lengua en lengua por toda la provincia.

Ya es mediodía. La gente evapora a medida que el sol calienta el asfalto. Por las ventanillas de los vehículos que pasan, los viajeros observan la muchedumbre, casi ninguno desconoce la razón. Algunos visitantes empiezan a sacar sus fiambres y ocupan las pocas sillas que hay, los demás descansan en el piso. Mientras, se escuchan diferentes testimonios sobre “el niño milagroso de la Albania”. “A mí me soltó los tendones”, “a mi hijita de 14 años la curó de un cáncer. El doctor me dijo que se le había desaparecido”. “Yo traje hoy a mi hija Camila porque hace un mes empezó a sufrir de migraña. Ojalá no tenga que llevarla al médico”.

Luego de hacer una larga fila, los peregrinos ingresan al improvisado cubículo donde Santiago los escucha con holgura

Santiago aprovecha el momento de holgura para bendecir decenas de tarros y botellas llenas de agua. En seguida, vierte en una tasa un líquido verde espumoso que alguien le trajo y empieza a soplar a través de un palito de plástico hasta llenar el escenario de incontables bombas de jabón, como lo son también los ojos que lo observan. Según familiares de Santiago, hace unos días, un mayor de la policía lo condujo hasta Sabaneta; Ernesto Garcés, uno de los cafeteros más potentados del país quería verlo. “Ese señor –cuenta Santiago- me iba a regalar un carro. Yo le dije que no podía recibirle nada, que mejor le ayudara a la gente pobre”.

El sol se ha puesto. Muchos hablan de lo bien que se sienten luego de haber sido tocados por Santiago, quien al parecer esta un poco extenuado. Hoy ha atendido a más de cuatrocientas personas. Otros por el contrario dicen que van a tener paciencia y continuaran insistiendo. La gente se dispone para regresar a sus lugares de origen no sin antes echarse bendiciones y besar las manos de Santiago. “Chao Santy, usted es un santo. Rece por nosotros”, grita alguien por la ventanilla de un bus.


Fe y Ciencia: Dilema Eterno

Cuando hay crisis en lo emocional, lo afectivo y en la salud, el ser humano acude a todas las posibilidades de solución. Las romerías acompañadas de fe, constituye uno de los instrumentos a los que más se acude.

“La peregrinación tiene dentro de las religiones un sentido general de encuentro con Dios, sin embargo, dentro de la religiosidad popular se le da el sentido de búsqueda de la salud espiritual y corporal”. Asevera el presbítero Carlos Arboleda, profesor de la UPB y sociólogo de la Universidad Gregoriana de Roma y agrega: “la iglesia católica ha aceptado la religiosidad popular; pero trata de purificar lo supersticioso que hay en ella, pues a veces hay mucha superchería, engaño y problemas psicológicos”.

Hoy es común ver todo tipo de personas, adineradas y pobres, haciendo largas filas para entrevistarse con cuanta persona aparece con el “poder de sanación”, en busca de fenómenos paranormales, que a menudo no pasan de ser ilusión. Para el antropólogo Ramiro Delgado, existen personas que a través del manejo de los flujos energéticos pueden equilibrar algunas dolencias físicas de los seres humanos.

El santuario del Señor Caído en Girardota, Antioquia, en uno de los destinos más populares de peregrinación y pago de promesas.

No toda experiencia de mejoría física o psíquica debe considerarse un milagro. La ciencia ha comprobado que estos procesos intervienes diversos factores. De acuerdo con el presbítero y exegeta, Jairo Henao, se está llamado milagro en santuarios, iglesias, reuniones de protestantes, misas carismática, a una recuperación psicológica, que puede reflejarse en dolores de cabeza. Por su parte, Arboleda sostiene que “las creencias y las culturas son preformativas, es decir, que lo que la gente cree se realiza. Pero desde el punto de vista psicológico, puede obrar la sugestión y la “sanación” le sirvió como efecto placebo, pero la enfermedad continúa”.

La ciencia y la religión han diferido a la hora de aclarar los interrogantes del hombre. Pese a esto, la Iglesia Católica se ha valido de médicos y psicólogos para indagar la veracidad de los milagros. En Lourdes, por ejemplo, los milagros han disminuido considerablemente a medida que ha aumentado la investigación. Según el psicólogo Darío Muñetón, cuando algunos malestares se somatizan, la eficacia simbólica (palabras consoladoras), pueden remover esos síntomas.

Tiberio Alvarez, médico dolorólogo de la Universidad de Antioquia dice al respecto: “El término sanación es distinto a curación. Yo puedo tener un cáncer y sentirme bien. Con mis pacientes trabajo la palabra control. Les digo: Esta enfermedad tuya de cáncer no se cura, pero se controla (…) Es posible que haya casos extraordinarios, o mal diagnóstico; pero hablando de cáncer diagnosticado no de memoria o por cuadro clínico sino con histología, van siendo más difíciles los milagros”.

El padre Mario impone las manos a centenares de piadosos en el corregimiento de Marsella, Fredonia, cada fin de semana. Muchos dan testimonio de sus milagros.

La palabra sanación se presta para engaños. Con ánimo de lucro, muchos “iluminados” o “rezanderos”, atribuyen las molestias o síntomas de quienes los visitan a una posesión diabólica. De acuerdo con el presbítero Henao, ese era el lenguaje connatural a la época de Jesús, pero decirlo hoy es saltarse toda la reflexión antropológica del renacimiento y es inconsistente además desde el punto de vista teológico. “Yo le digo a mis pacientes que no creo en milagros con dinero por delante, sea limosnas o donaciones. Detrás del dolor y de la muerte hay mucho negocio. Cuando están a tiempo de iniciar el tratamiento, acuden a los “sanadores”, cuando regresan ya ha avanzado la lesión y ni se pueden operar” enfatiza el médico Tiberio.

1 comentario:

Juan Pablo dijo...

Saludos alguien me puede decir como hago para localizar a el nino milagroso? cual es el celular para pedir cita? muchas gracias